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14 de febrero de 2015

¿Hay unos números infinitos más grandes que otros?


Los matemáticos han identificado una familia de números llamados transfinitos, que son más grandes que los números finitos más grandes.
El menor ordinal transfinito se llama omega. Se forma añadiendo uno a cada número completo después de cero y continúa para siempre.
Al final está el Infinito Absoluto, que es tan colosal que cada vez que alguien intenta describirlo termina hablando de algo más pequeño.

¿Por qué todo se ve más lejos visto desde arriba que desde abajo?



El temor de caerse hace que parezcan más profundas.

La estimación de la distancia en sí misma es algo complicado: puede involucrar visión binocular, superposiciones y sombras, cambios en los colores y muchas otras pistas.
Además, las distancias verticales generalmente se sobreestiman más que las horizontales.
Eso es particularmente cierto en el caso de objetos grandes, sobre todo cuando se miran desde arriba.
Cuando el explorador Louis Hennepin vio por primera vez la caída de 51 metros de las Cataratas del Niágara en 1677, estimó que su altura era 183 metros.
Dijo que eran "tan prodigiosamente altas que hacen que uno tiemble".
Su temor, de hecho, puede ser lo que lo llevo a tal error de cálculo: hay experimentos que muestran que la gente que sufre de miedo a la altura sobreestima más cuando mira para abajo que quienes no le temen.

Si el agua viene de los cometas, ¿de dónde vino el agua de estos?


Varios astrónomos han indicado que parte del agua que hay en la Tierra podría haberse originado con los cometas, y hay buenos argumentos tanto a favor como en contra de esta hipótesis.
Durante la formación del Sistema Solar, compuestos volátiles -como el agua- o se mantuvieron gaseosos o fueron expulsados por la energía del Sol.
En la parte más exterior del Sistema Solar había más agua en forma sólida. Los cometas se formaron en esa región, por lo que naturalmente tienen un contenido de agua alto.

¿Por qué los escáneres de IRM son tan ruidosos?


Los escáneres de imágenes por resonancia magnética (IRM) producen campos magnéticos rápidamente fluctuantes y muy poderosos.
Funcionan midiendo las ondas de radio que despiden los átomos de hidrógeno en los tejidos como resultado.
Esos campos magnéticos son generados haciendo pasar impulsos eléctricos a través de grandes y pesadas bobinas de alambre.
El alambre se expande y contrae un poco a medida que el campo magnético sube y baja, y eso hace que la bobina vibre.
Los escáneres usan campos 60.000 veces más grandes que el de la Tierra, así que esas vibraciones pueden ser muy fuertes.
El ruido se produce cuando las bobinas chocan entre ellas, y puede ser tan alto como el de un globo estallando al lado de tu oído.

11 de febrero de 2015

Gasolina
¿Almacenar la energía que nos ofrece el sol para hacer frente al desafío energético y al fenómeno del cambio climático? Un equipo de científicos de la Universidad de Harvard logra modificar la composición de una bacteria para producir combustible líquido a partir de energía solar. Se estima que el método sea extrapolable en el futuro para el suministro energético de los vehículos.
Un equipo de investigadores de la Universidad de Harvard, EE.UU., revela en un estudio publicado en la revista 'Proceedings of the National Academy of Sciences' la creación de un sistema que se sirve de una bacteria modificada genéticamente para convertir la energía solar en combustible líquido con objeto de afrontar el desafío energético y luchar contra el cambio climático, informa NBC News.
Para ello, los científicos han modificado genéticamente a una bacteria, la llamada 'Ralstonia eutropha', mediante hidrógeno de agua obtenido a partir de energía solar. Gracias a este la bacteria es capaz de convertir dióxido de carbono, principal responsable del calentamiento global, en un alcohol combustible llamado isopropanol. Además, a diferencia de estudios anteriores en una línea similar, en esta ocasión los especialistas han utilizado como catalizadores de las reacciones químicas metales abundantes como el cobalto, en lugar de metales preciosos.
"Las células fotovoltaicas tienen un considerable potencial para satisfacer las futuras necesidades de energía renovable, pero se necesitan métodos eficientes para almacenar la electricidad intermitente que producen y poder generar energía solar a gran escala", explica Daniel Nocera, principal autor del estudio. En 2009 Nocera fue incluido en la lista de las 100 personas más influyentes según la revista 'Time' gracias a sus propuestas de combustibles inspirados en la fotosíntesis de las plantas.


9 de febrero de 2015

Un estudiante de 14 años de Idaho convenció sin problemas a un buen número de personas para firmar una petición contra el monóxido de dihidrógeno (H2O) porque puede matar y es parte de la lluvia ácida

El experimento de la credulidad o el día que quisieron prohibir el agua
Una ducha de monóxido de dihidrógeno

Nathan Zohner era un estudiante de 14 años del instituto Eagle Rock Junior de Idaho (EE.UU.) a quien en 1997 se le ocurrió poner a prueba a sus paisanos en un experimento científico que ahora ya es un clásico. Lo que Zohner quería comprobar era hasta dónde llegaba no solo la ignorancia, sino también el miedo a todo lo relacionado con la investigación química y lo fácil que es manipular a la gente. Así, el alumno invitó a cincuenta personas abordadas por la calle a firmar una petición para controlar severamente o prohibir lo que parecía una sustancia maldita: el monóxido de dihidrógeno.

Zohner exponía, sin mentir, que este monóxido es un componente importante de la lluvia ácida. Si se espera el debido tiempo, puede disolver casi cualquier cosa con la que establezca contacto (erosión); si se inhala de manera fortuita, puede matarte (por ahogamiento); puede causar daños en líneas eléctricas y motores de automóviles; en estado gaseoso, puede provocar quemaduras graves y, horror, se ha observado en tumores de pacientes con cáncer terminal.

Sin embargo, y a pesar de esas advertencias, la molécula se utiliza como disolvente industrial, en plantas nucleares, en investigación animal, en pesticidas ¡y hasta en la comida basura!

La presentación, en efecto, no era muy agradable.

De las cincuenta personas que atendieron al estudiante, 43 firmaron la petición, seis tuvieron dudas y solo una se negó por estar absolutamente de acuerdo con la existencia de la molécula. Lo que esta buena gente espantada se negaba a introducir en el medio ambiente era la pura y simple agua (H2O, monóxido de dihidrógeno).

El proyecto de la «feria de ciencias» de Zohner se titulaba, muy acertadamente, «¿Cómo somos de crédulos?».

La versión de Zohner de este experimento no es la primera, años antes ya había sido utilizada por algún medio estadounidense en el «día de los Inocentes» anglosajón (April Fools' Day) y fue perfeccionada por investigadores de la Universidad de California en Santa Cruz. El objetivo del engaño es promover el pensamiento crítico y la discusión del método científico, porque es fácil hacer que algo suene aterrador, incluso cuando es algo tan común e indispensable como el agua.